El sonido del agua corriendo en el fregadero no impedía que Ares escuchase la televisión que provenía del salón, que no estaba lejano a la cocina. Él y Sam, su pareja, vivían en un piso no demasiado grande, ya que tampoco le necesitaban. Eran una pareja cercana, cariñosa y mimosa. La cocina, además, estaba prácticamente unida al salón salvo por una barra que a veces hacía de mesa. El muchacho fregaba los platos de la cena mientras que en el sofá, Sam se hacía un ligero ovillo a pesar del calor de los últimos días de un verano asfixiante -El presidente del gobierno Ruthiger Grump ha prometido que el gobierno estudiará la situación y no dudará, en caso de ser necesario, utilizar la fuerza armada para traer de nuevo la paz a Oriente Medio- rezaba el noticiero
-Uff... eso me suena- rió Ares mientras colocaba un plato más en el montón limpio
-Y ahora pasamos a hablar del caso Amanda Black, la chica desaparecida desde hace más de tres meses. La policía y el FBI no han dejado de buscar y peinar distintas zonas de los estados en busca de los restos de la joven, de la que dicen sus padres, tienen poca esperanzas de que aparezca viva- después, pasó a hacer un resumen del caso
-¿Aún no la han encontrado, eh?- se secaba las manos saliendo de la cocina y yendo hacia el sofá, donde Sam luchaba por mantener los ojos abiertos. Ella negó con la cabeza. Era un caso extremo el de esa pobre mujer, más joven que la propia Sam -¿Tienes sueño?- preguntó Ares sonriente, rodeando el sofá y colocándose tras ella, agarrándole la nuca con suavidad y masajeándole. No pudo evitar soltar una carcajada cuando Sam dio una fuerte cabezada hacia atrás -Ve a la cama, anda- ella se negó, quería estar con él -No en mucho tiempo me iré. Sabes que me toca el turno de noche- Sam le miró haciendo pucheros e inflando los mofletes. Ares se los estrujó con mimo, sacándole una pedorreta -Ah, ah, ah- negó con la cabeza el hombre -No me hagas chantaje emocional. Si vuelvo a decir que estoy graaaavemente enfermo, me temo que Alan va a morderme el culo tan fuerte que no vas a poder agarrarlo en meses- ambos rieron. Sam aportó la idea de que podía alegar que estaba en depresión porque se había muerto su pelusa favorita -¿¡Qué!?- se sorprendió Ares -¿¡Que Molly ha muerto!?- ante la gran y torpe actuación de Ares, la chica le echó los brazos al cuello y lo atrajo hacia ella para besarle los labios. La barba le rascó un poco -¿Debería afeitarme?- ella negó con la cabeza ¡Ni loco! -Siempre te andas quejando cuando te beso- ella torcio una media sonrisa. No siempre y dependía de dónde la besara -Diablilla- masculló él besándola aún más. De ser largos besos dulces pasaron a enredarse un poco con lenguas juguetonas. Sam tuvo que empujarlo -Juegas con fuego muñequita y yo soy el bombero de los dos, te aconsejo no prender la mecha si luego no te atreves a apagar el incendio- dijo juguetón. Sam se mordió el labio inferior pensativa. Sería una buena forma de quitarse el sueño, pero lo miró de arriba abajo. Le recordó que no le hacía especial gracia que se fuera "entusiasmado" de casa. No querría que confundieran su pene erecto con la barra que usaban para bajar a los camiones ante las emergencias -Vaaaale, está bien, de acuerdo- riéndose, Ares marchó hacia la habitación de ambos para comenzar a vestirse para partir. Sam le siguió tras apagar la televisión, languideciendo después tumbada en la cama, de nuevo, con una pedorreta de aburrimiento -¿Se puede saber qué te pasa, pajarito?- la chica se rascó la cabeza y reflexionó sobre lo poco que le gustaba pasar la noche sola -No estás sola del todo. Cualquier emergencia, llama a los bomberos- le guiñó el ojo. Sam contemplaba cómo se quitaba la camiseta de pijama para ponerse la del uniforme azul marino, casi tan oscura como el negro. Examinó la espalda de su novio para no sólo embobarse y desear que se quedara y disfrutar de él, sino porque pudo ver aquel tatuaje de un dragón japonés que llevaba en la espalda y parte del costado como si fuese uno de esos Yakuza. Sonrió. Se lo había hecho para ocultar una quemadura que le dejó gravemente herido, quemadura por la que ella le conoció a él y por la que pudieron entablar una relación de hacía poco más de dos años ¿Y cómo podría describirle? Se preguntó a sí misma. Cómo pudo haber sabido en aquel entonces que iba a conocer a un bombero poco mayor que ella y que tras esa cara llena de hollín y esa espalda destrozada y cuerpo trabajado por el empleo del que vivía, había una persona con un corazón dócil, amable, entregado y súmamente cariñoso. Ares era de aquellos que no olvidan las fechas, aquellos que dejan pequeñas notas escritas con un simple "Te quiero" junto al espejo del baño cuando se ha tenido que marchar, de esos que llaman por teléfono para asegurarse de que todo va bien y de los que van a buscar a su pareja al trabajo siempre que lo necesitan. Sam sonrió viendo cómo ya se amarraba las botas ¿Por qué era tan jodidamente cliché, ese novio suyo? Cliché de cine americano, de cine romántico en general, salvo bollywoodiense, ya que Ares no era precisamente el mejor de los bailarines. Imaginárselo con un traje brillante y meneando los hombros al compás de una melodía hindú le resultó divertido ¿Quizá como regalo de aniversario? Una noche de pasión Bollywoodiense... La chica se rascó la nariz y volvió a centrarse en sus pensamientos. Definitivamente Ares era de esos de las películas, pero con la salvedad importantísima de que su vida no era una película, era real. Él era real, tanto como ella, tanto como el amor que se tenían, tanto como las expectativas de un futuro, mudarse a una casa tras casarse, de formar una familia: hijos. Hijos que de momento, por más que intentaban, no llegaba -¿Se puede saber qué esta usted mirando, dulce señorita?- preguntó Ares sacándola de sus pensamientos -Tan callada, tan fija en mi ¿He de llamar a la policía por acoso?- siguió bromeando, como de costumbre. Ella sólo respondió que pensaba en cuanto le quería -Tesoro, seguro que no lo piensas más que yo- se echó sobre ella con cuidado y devoró sus labios con cariño y mimo. Luego le restregó la nariz contra la de ella -Me tengo que marchar ¿De acuerdo?- ella asintió -Te llamaré si sucede algo. O llámame tú. Ya sabes que cuando no pasa nada nos aburrimos como ostras y no me apetece que Berny empiece a sacar el tema de cuantas se ha tirado este mes- Sam rió ¿Aún seguía Berny con esas? -Aún sigue- suspiró Ares -Y es implacable. Si fuera cierto todo lo que dice, creo que media o tres cuartos de Nueva Roene estaría embarazada de él- Sam aún no se creía que hubiese hombres que realmente se hiciesen ingertos no sólo capilares, sino para aumentarse el tamaño del pene. Berny sin embargo encajaba con el perfil: un hombre de edad madura que se aproxima a la vejez, que empezaba a quedarse calvo y a ponerse rechoncho a pesar de ser bombero. Un buen día, según Ares, se dio unos días de baja debido a una operación pero ninguno de los compañeros sabía qué clase de dolencia sufría. Al cabo de unas semanas apareció con una renovada melena salvaje, menos masa corporal y más fibrosa y un bulto notable en el pantalón. Según Ares, en la actualidad, Berny no es en absoluto lo que era. Ya no había un ápice de grasa en él. Todo era músculo natural. Parecía un culturista y eso era lo que le hacía clamar que era un partebragas, aunque eso tanto Ares como Sam lo dudaban horrores -En fin, espero que la noche pase deprisa, cariño. Duerme bien y descansa ¿De acuerdo? No dudes en llamar por lo que sea- de nuevo, un dulce beso y se dirigió hacia la puerta. Un nuevo turno tocaba.
Mientras pasaban las horas, no todo era tanta calma y serenidad para Ethan Greyson, hermano mayor de Ares. Ethan era agente de la CIA, un puesto demasiado elevado para la familia de la que procedía, pero lo había logrado con años de estudio y esfuerzo. Por suerte para él, había sido destinado a Nueva Roene desde hacía unos años, cerca de su hermano y donde residía su propia familia, debido a unas sospechas sobre un grupo radical que se había trasladado desde África Central, más precisamente Angola. Afortunadamente no hubo nada que temer en los años que había estado viviendo en su ciudad, hasta hacía unos meses. Poco después de la desaparición de Amanda Black, se habían reportado movimientos extraños de personas no identificadas, así como se sospechaba tráfico de sustancias químicas desconocidas y potencialmente peligrosas. Aquella noche, respecto al caso, era especial y no se imaginaban cuanto -Parece ser que hay otro incendio. Tu hermano va a estar ocupado- comentó Akande Elba, su compañero. Un hombre alto, formal y de piel oscura
-Pobre Ares- exhaló humo -Espero que todo esté bien. Ya de por sí ser bombero es peligroso, pero cuando le sumas noches calurosas...-
-Estás hecho todo un hermano mayor. Es un tío duro-
-Es mi hermano, Akande. Sé que es un tío duro, pero no dejará de ser ese entrañable enano bobalicón que lloriqueaba porque quería mis juguetes y se refugiaba en las faldas de mi madre, que en paz descanse- Akande se echó a reir
-Menudos capullos que debíais ser...- entonces sonó el teléfono móvil. Akande descolgó -¿Sí?- silencio -¿Estás seguro?- la otra linea hablaba y de forma acelerada. Dado que esta vez Ethan pudo oirlo, supuso que hablaba en voz alta, alterado. Aún así, era la voz de una mujer. Posiblemente de Lily Winters, otra compañera de la inteligencia -De acuerdo. Vamos a organizar a las fuerzas- colgó
-¿Se puede saber qué pasa?- apagó el cigarro en el cenicero. Estaban en una sala de un piso franco alquilado por la agencia. Allí tenían pantallas y ordenadores de todas clases, así como montañas y montañas de archivos sobre terroristas de distintas partes del mundo -Akande ¿Qué pasa?- el hombre moreno se giró hacia él
-Se han registrado unas explosiones a unos kilómetros de aquí, en unas granjas de Summer Ville- se rascó la barbilla -Dicen que hay... un grupo extraño. Gente rara que parecía dirigirse hacia aquí-
-¿Hay testigos?-
-Eso dice Lily... pero todo es muy raro. Dicen que están medio enajenados...-
-¿Alguna clase de droga?-
-No tengo ni puta idea compañero, pero si se dirigen hacia aquí, será mejor que movilicemos a la policía cuanto antes- ambos cogieron sus chaquetas y salieron por la puerta. Aquella noche iba a ser el comienzo de una nueva vida, a un paso de la muerte, para todo el mundo.
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